Entre Hermanos

Génesis 2521-34

Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC

13 de junio de 2010

La ética es una temática difícil de se aplicar en nuestras vidas y relaciones con otros. Parece as veces que en la misma familia es aún más difícil de se aplicar principios éticos que en situaciones con los demás. Escuchamos historias de abusos entre familiares que no se dejarían aceptar a partir de gente ajena de nuestras familias. Se nos dicen que la mayoría de los abusos de niños parte de gente que ya conoce a los niños, no de extraños a la familia. Quizás sea que nos relajamos entre familia y actuamos de formas que mantenemos bajo control en público. Quizás sea que pensamos que nuestros familiares nos perdonarán con más facilidad que un extraño. Cual sea el factor motivador, es común que lo de nosotros venga a revelarse más claramente dentro de la familia que afuera de ella. ¿Cómo podemos vivir en comunión cuando es tan difícil hacerlo en nuestras propias familias?

Nacieron ya peleando. Desde la narrativa de Rebeca, su pelea no empezó con el nacimiento, sino que eso ya era desde antes. Jacob nació agarrado del talón de Esaú y en la historia a seguir continuaba buscando la forma de adelantarse al hermano. La actitud de competición y pelea entre los dos aparentemente fluía desde la actitud de sus padres, quienes dejaban que sus preferencias por un hijo a expensas del otro influyeran en tratamientos preferenciales.

A Esaú, le gustaba la vida aventurera. Él era un cazador y pasaba sus días en el campo y a procura de caza. Su físico y sus actitudes eran ambos más energéticos que de su mellizo. Era un hombre fuerte y valiente, pero no daba tanto esfuerzo por pensar las consecuencias de sus acciones a largo plazo. Planeaba y ejecutaba sus cazas, pero no daba tanta importancia a las cuestiones relacionales y sus responsabilidades como hijo y heredero.

A Jacob, le gustaba quedar cerca de su mamá y los quehaceres más civilizados y domésticos. Era más delicado que su mellizo en su carácter y fisionomía. Como indicaba su nombre, “quien toma el lugar de otro,” procuraba realizar sus propósitos, pero no tanto por esfuerzo físico, sino que por trampa, astucia e intriga. No procuraba tanto aceptar responsabilidad como heredero, sino que buscaba posición y poder para si a expensas de otros.

No sabemos mucho de la vida de los dos hermanos mientras crecían. El texto simplemente indica para nosotros que su carácter de adultos ya se veía desde su juventud. Rebeca entendía que sus pleitos desde el vientre eran señales de peleas que seguirían por sus generaciones. Hábitos de ese género pueden rápidamente transformarse en carácter y extenderse a los descendientes futuros. Es peor aún cuando los propios padres incitan a que continúen los pleitos, y así era en las vidas de estos mellizos. Las preferencias de los padres se veían en su tratamiento diferenciado de los dos.

Llegó el día en que Jacob veía la forma de tomar ventaja de su hermano Esaú. Este venía hambriento de la caza sin haber encontrado nada para comer. Llegando de regreso, encontró a Jacob con alguna comida sabrosa al fuego. Los sabores de la comida hecha por su hermano se le daban más ansia a su hambre y pidió de comer a su hermano. «¡Da-me de comer de esa sopa, pues antes que me muera de hambre!»

Quizás fueran entonces adolescentes, siempre hambrientos y abusando de exageraciones. El pasaje no nos cede los detalles. Simplemente reporta el hecho de que Esaú así se le pidió que Jacob le diera de su comida. Jacob Miró la situación y las palabras de su hermano y procuró tomar provecho de la petición. Definió que el hambre de su hermano era mucha y resolvió lucrarse con la comida que tenía a la mano. «¿Quieres mi comida? Yo te la vendo. Cédame sus derechos de hijo mayor, que yo tendré gusto en compartir de mi sopa contigo.»

Quizás Esaú no le tomó en serio, pero escuchó sus palabras como una broma. ¡Cuántas veces he escuchado niños haciendo y exigiendo promesas absurdas el uno del otro! «¡Le doy un millón de dólares si me prestas la pelota!» Se parece, entretanto, que estos dos tenían ya edad para reconocer el significado de sus palabras. Esaú ya tenía edad para salir a cazar presa, mientras Jacob tenía edad para estar haciendo su propio guisado. Deberían de saber que lo que pedía Jacob y lo que decía Esaú estaban fuera de línea. Morir de hambre no es algo tan simple y rápido. Los derechos de la primogenitura valían mucho más allá que un mero plato de comida.

Jacob abusó de su oportunidad frente a la desesperación de su hermano. Esaú menospreció a sus derechos y responsabilidades como el hijo mayor y el heredero de Isaac. Tales derechos se referían a la responsabilidad de liderar al clan. Tenían que ver con la posición de control y poder sobre los siervos, esclavos, tierras, bienes y esposas de su padre. Tenían que ver también con la posición de tomar en serio la soberanía de Dios y guiar la familia conforme la voluntad de Dios. Era una posición de privilegio económico y político, pero también religioso. Era una posición de privilegio e igualmente de responsabilidad. Sería este que cuidaría de Rebeca en su vejez, bien como de cualquier miembro de la familia que no estaba casado.

Uno de los hermanos fue irresponsable, el otro fue ventajista. Uno no daba importancia a responsabilidades y cuestiones de largo plazo, únicamente pensando y valorizando bendiciones y beneficios inmediatos. Al otro se le faltó escrúpulos al tomar ventaja de las palabras y dificultad que le pasaba al hermano. No hay nada aquí que indica una buena relación entre hermanos. En contrapartida, hay toda indicación de un pleito continuo entre los dos.

La historia es tal que no hay como encontrar un perdedor y un ganador. Ambos pierden. Si, Jacob gana los derechos de la primogenitura, pero a expensas de sus calidades de moral y ética. Esaú gana un plato de comida, pero menospreciando tanto privilegio como responsabilidad que le correspondía como primogénito y heredero. Pierden los dos por lo que viene a se establecer como norma de conducta entre los dos. Su pelea y conflicto deterioran en una falta de confianza. El hermano que más ganó en la trampa es el que también más pierde por tomar ventaja de su hermano mayor. Jacob perdió confianza, se puso en un camino de aislamiento de su hermano, como también de su padre. Buscaba beneficios y privilegios, pero la forma que las agarró traían consecuencias que no esperaba.

Los mellizos necesitaban pensar antes de actuar. Se les hacía falta considerar las consecuencias de sus acciones. Debían reflexionar menos en los resultados inmediatos de sus hechos y más en las consecuencias a largo plazo. A final de cuentas, las formas que se trataban en familia serían la base para tratar a los demás, también. Es entre hermanos que la realidad del carácter e identidad de uno se ve con más claridad. Entre estos hermanos, se nota que no era una confianza en Dios que dirigía sus acciones. Actuaban como se Dios no estuviera listo a proveer por sus necesidades y futuros. Mientras ignoraban la necesidad de confiar en Dios como base para su vivir, criaban problemas que no necesitaban existir. ¿Estamos listos a dejar que confianza en Dios dirige nuestras formas de convivir entre hermanos?

—©2010 Chrístopher B. Harbin

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