Fiel en los Detalles

Genesis 25:1-18

Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC

16 de mayo de 2010

¿De qué forma se cumplió la promesa de Dios a Abrahán? La ótica judía es que Abrahán fue padre de la descendencia y la promesa por medio de Isaac, José y las doce tribus. Los musulmanes árabes se miran como la descendencia auténtica por medio del primer hijo de Abrahán, Ismael. Como cristianos, seguimos la tradición de la promesa por medio del linaje judío hasta Jesús, donde se extiende hacia todas las razas. Los tres grupos defienden que la promesa de Dios a Abrahán llegó por medio de su descendencia y tradición, pero buscan cierta exclusividad de participación en las bendiciones de Dios. ¿Son tan limitadas las bendiciones de Dios que no hay posibilidad de bendición múltipla?

El texto aquí relatando el final de la vida de Abrahán habla de una serie de hijos que normalmente pasan desapercibidos en nuestra memoria de su vida. El texto inicialmente parece indicar que estos demás hijos nacieron después de la muerte de Sara, pero es más probable de que se trata de los hijos de una segunda esposa que Abrahán tenía mientras Sara aún vivía. Para su día, tener dos esposas no era contrario a la norma, especialmente tratándose de un hombre rico e importante como era Abrahán.

No tenemos más informaciones respecto a Queturá, esa otra esposa. Era probablemente una concubina, pues Abrahán no se les dio parte en la herencia a sus hijos, pero proveyó para ellos mientras vivía. El texto pasa por alto en muchos de los detalles, pues no son de interés principal para los temas centrales de la narrativa de Abrahán. Lo que se quiso comunicar era la posición de Abrahán frente a Dios y en la historia ancestral de la nación elegida. Se pudiera hasta haber dejado de incluir cualquier mención de Queturá y sus hijos. En ninguna otra parte de las escrituras figura ella con importancia.

Hay, entretanto, una razón para mencionarle a ella aquí. No es por su importancia personal, ni por la de sus hijos, mismo que las descendencias de algunos de ellos figuran como naciones con los cuales los hebreos tendrán contacto al largo de su historia. Tiene relación con la promesa de Dios a Abrahán con todos sus detalles.

La Bíblia no es un tratado de historia. Contiene historia, por cierto, pero narra eventos con una razón mucho más allá de la historia. Es un compuesto de libros que narra la identidad, el carácter y los propósitos de Dios. Como algunos han mencionado, su temática central es la búsqueda de Dios por el ser humano. Es bajo ese propósito que Queturá se menciona. Sus hijos también pertenecen al plan y los propósitos de Dios. Ellos también se encuentran bajo la promesa de Dios a Abrahán.

Cuando de la muerte de Abrahán, Isaac e Ismael juntos cooperaron en sepultarle en la cueva de Macpelá, donde Sara había también sido sepultado. El texto lo reconoce como la junción apropiada de la descendencia de Abrahán, reconociendo que la promesa y su responsabilidad pasaron a ambos hijos, mismo que el motivo central de la promesa continuaría por medio de Isaac. Fue a Isaac que la herencia y la promesa pasaron en su mayor parte. A la vez, recordamos que la promesa era mayor que simplemente la herencia recibida por el pueblo de Israel.

Cuando el nombre de Abram fue cambiado hacia Abrahán, la razón estipulada era que él sería padre de muchas naciones. La tierra le sería entregue a sus descendientes. El cumplimiento de la promesa es mayor que la forma que normalmente la visualizamos. Son estos hijos de Queturá también padres de naciones, bien como Ismael también fue padre de naciones en su turno. A cada cual de sus ocho hijos, Abrahán dio regalos sustanciales mientras vivía. Era la forma de dividir la herencia entre los hijos de un hombre de entonces. Los hijos de las esposas oficiales dividían la herencia, mientras los demás hijos recibían regalos que los mantendrían de forma similar.

El hecho de que fue no más a Isaac que cayó la herencia indica que fue este el único hijo de la única esposa legítima, los demás siendo hijos de sus concubinas. De cualquier forma, todos los hijos participaron de la promesa y su cumplimento. No tenemos opción de ignorar unos u otros. Eran todos participantes de la descendencia abrahámica. Hasta la edad designada para Ismael indica algo de su importancia para Dios, ya que se designaba que la edad avanzada era bendición divina.

Abrahán les bendijo a todos, enviando varios al este para dar espacio para que cada cual desenvolviera en su propio ambiente. De cierta forma esto indicaba que a la descendencia de Isaac pertenecería la tierra de Palestina, pero a la vez expandía los límites de la promesa a Abrahán. A su descendencia pertenecería mucho más que simplemente la tierra de Canaán, pues también les sería las tierras a su frontera leste. A los descendientes de Ismael se designaba las tierras al sur de lo que sería Israel hasta las tierras de Egipto con todas sus tribus.

Al todo, la promesa de Dios era mucho más de lo que se entiende por general en las tradiciones abrahámicas. Por el pasaje aquí, se extiende a las tierras al leste y al sur de Israel, bien como entre tres ramas de descendencia. Nuestra tendencia es pensar demasiado en las rivalidades entre grupos, mientras la tendencia divina es en extender sus bendiciones en muchas direcciones.

El pleito entre Sara y Hagar no se extiende a sus hijos en este pasaje. Al contrario, los dos se unieron para juntos sepultar a su padre en la cueva de Macpelá junto con los restos de Sara. Por la indicación del texto, eso no era cosa tan simple, pues se parece que entonces vivían en locales distintos a esa altura. Al reconocer la muerte de su padre, entretanto, llegaron juntos para despedirse de Abrahán, recipiente de la promesa de Dios y por medio del cual ambos recibían la bendición divina.

Hay muchas razones para hacer distinciones entre los individuos en el linaje de Abrahán. Provienen de tres mujeres distintas, una la esposa legítima, otra una esclava y la otra una concubina. Solamente uno era visto como heredero. Como Abrahán era un hombre muy rico, había muchos bienes a repartir entre sus hijos, con muchas posibilidades de conflictos entre los varios recipientes. Ismael pudiera haber reivindicado los derechos de ser primogénito. Lo que vemos, entretanto, es que mientras aún vivía, Abrahán repartió sus bienes entre los ocho hijos, evitando así algunas dificultades. A la vez nos indicando que las bendiciones de Dios son suficientes para alcanzarles a todos.

La promesa de Dios no se limitaba a Isaac con su descendencia. La promesa era mucho más extensa que eso. Se extendía hacia todos los hijos de Abrahán. Es y fue la voluntad de Dios de traer bendición a todos, sin excepción alguna.

Pleiteamos la bendición de Dios cuando nos sentimos inseguros con la suficiencia de la provisión y las bendiciones de Dios. Cuando aceptamos la suficiencia de Dios, ya no hay razón para tales pleitos. Siendo Dios suficiente, podemos vivir en tranquilidad. ¿Estamos listos a reconocer que la gracia de Dios es suficiente para alcanzar a todos? No hay razón para nuestras facciones y pleitos. Juntos todos podemos descansar en la suficiencia de Dios para rescatar a todos sin respecto a sus descendencias y tradiciones. A final de cuentas, la promesa era que fuera Abrahán bendición a todas las naciones.

—©2010 Chrístopher B. Harbin

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