Respetando el Plan de Dios

Génesis 24:42-60

Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC

09 de mayo de 2010

¿Qué quiere Dios con nosotros? ¿Cuáles son sus planes para nuestras vidas? A menudo, estas son las preguntas que acostumbramos hacerle a Dios. Quizás sean las preguntas equivocadas. En la mayoría de los casos, ya conocemos su voluntad. Tenemos sus instrucciones en la Biblia. Hemos leído el sermón del monte, las enseñanzas de Pablo y su llamado de amar a Dios con todo lo que somos, así como a nuestro prójimo. Lo que nos falta es adecuar nuestras vidas y acciones a sus propósitos.

Eliézer se había preocupado con obedecer las instrucciones de su amo Abrahán. Había concluido su viaje, encontrando la familia de Nahor. Reconocía las intenciones de Abrahán en que debía buscar entre sus familiares la muchacha que sería la futura esposa para su hijo Isaac. Eran esas las instrucciones básicas de su amo. Para eso había hechos muchos preparativos.

Había preparado los animales que utilizaría para facilitar el viaje largo hacia la tierra de donde había venido su amo. Había empacado regalos lujosos para la familia de la muchacha. Había preparados vestidos y joyas para ella. Había juntado comida para el viaje, como también todo el equipaje necesario para la jornada. Había seleccionado un grupo de varones para acompañarle, ofreciendo protección y auxilio por lo que se podrían encontrar más delante. Sin embargo, nada de eso le había pedido Abrahán que hiciera. Realmente no le dio instrucciones con detalles. No le dijo qué joyas llevar para la muchacha ni para sus familiares. Eliézer se preocupó en esas cosas simplemente porque reconoció que eran aspectos necesarios para cumplir con la misión que le quedaba por delante.

Como buen mayordomo, Eliézer respetó la labor que le habían encargado. Respetó la necesidad de tomar iniciativa propia mientras salía para encontrar una esposa para Isaac, tal como se lo había ordenado. Salió con su equipaje, con los animales y con sus acompañantes escogidos. Empezó por el camino que llevaría el grupo hacia los alrededores de Harán, donde se destinaba llegar en búsqueda de los familiares de Abrahán.

En el trayecto, empezó a formular un plan. Quizás había formulado varios planes antes de llegar al pozo cerca de donde vivían Nahor y su familia. No se había preocupado en indagar muchos detalles acerca de la voluntad de Abrahán, pues tenía conciencia de su deseo principal. Lo demás no le importaba. La misión era conseguir una esposa para Isaac de entre la gente de su amo. Los detalles dependían no de la voluntad específica de Abrahán, pero de la actuación de Eliézer.

Encontrado el pozo en el sitio correcto, formuló su plan de acción. Se paró para orar al Dios de su amo, buscando su ayuda para encontrar la muchacha debida para Isaac. Los detalles del camino y jornada hacia el lugar no tenían importancia. Encontrar la muchacha adecuada era el motivo central de su misión. Al presenciar la indicación de Dios que era Rebeca la elegida, se postró en agradecimiento y marchó a finalizar la misión que se le había dado. Faltaba presentar a la familia de Rebeca la razón de su viaje y el propósito de su amo en que regresara con Rebeca para casarse con Isaac.

Expresándole a la familia de Rebeca la razón que le trajo hacia ellos, Eliézer había cumplido con lo esencial de su misión. Había hecho la jornada, había encontrado los familiares de su amo y había pedido que cedieran a Rebeca para casarse con Isaac. La mano de Dios se había revelado en el trascurso de sus esfuerzos, y Eliézer había dado gracias por la ayuda y orientación divina. Ahora no había nada más que hacer sino esperar ver cual sería la reacción de la familia de Rebeca. Desde luego, tendría que regresar adonde Abrahán, pero lo esencial del encargo había sido cumplido. Ahora era momento de esperar por ver los resultados.

Labán era él que actuaba como portavoz de la familia. Fue él quien respondió por los demás. Es interesante su respuesta, pues de acuerdo a lo que conocemos de él, su respuesta era distinta de la esperada. Este es el mismo Labán que años más tarde le haría trampa a Jacob al llegar en busca de una esposa. Es el Labán que prometería a Jacob darle una hija en casamiento, pero le daría la otra en su lugar. Labán no era el hombre de carácter correcto como indicarían sus palabras aquí. Era más bien uno que hacía trampa a sus propios familiares para enriquecerse a costa del engaño. Era el hombre que procura tomar ventaja de los demás. En este momento, entretanto, Labán mira los acontecimientos y los mide frente a la actuación de Dios.

En el relato de Eliézer, Labán reconoció la actuación y presencia divina. Reconoció en su historia que Dios había traído Eliézer a su casa con la intención de que Rebeca se casara con Isaac, hijo de Abrahán. Este mismo hombre reconoció en ese momento la voluntad de Dios representada en el relato de Eliézer. Lo más extraño, quizás, es que lo reconoce y decide obedecer la voluntad de Dios. Se humilla y acepta que lo que debe de regir no son sus propios planes, sino los de Dios. Reconoce a Dios y se somete al plan divino.

Al responder Labán a Eliézer que aceptaba el plan de Dios, empezó la fiesta. Era la ocasión de celebrar que se casaba Rebeca. La boda era muy distinta a la que imaginaríamos nosotros. No estaba Isaac presente. No era una fiesta de bodas según nuestra tradición. Era una fiesta en que se completaban los detalles de la venta de una muchacha como esposa para un hombre. Era la celebración de que ella pasaba a una nueva etapa de vida en su situación social. Al mismo tiempo, esta fiesta era su boda, ya que pasaba con ella a pertenecer a la familia de Isaac, aunque él estuviese ausente.

Por la mañana, terminada la fiesta, Eliézer pidió que se le dejara partir con Rebeca en el viaje de regreso a Abrahán e Isaac. De cierta forma, era un pedido un poco fuera de la norma, ya que su llegada para arreglar la boda se había concluido tan rápidamente. Al mismo tiempo, se entendió que algo fuera de lo común pasaba en los arreglos matrimoniales, ya que se palpaba la mano y actuación de Dios en el entorno. Se le pidió que Eliézer esperara para que continuaran con la fiesta, pero se dejó la decisión en manos de la muchacha. Rebeca respondió de forma semejante a como había hablado antes su hermano. «Esto es de Dios. ¿Por qué demorar?»

Su familia le dio su bendición y la despidió. Que llegara a cumplir con su propósito con la bendición de que Dios le cediera hijos y una gran descendencia. Que el fruto de su matrimonio se multiplicara para tornarse en una gran nación. Con esto comenzó el viaje para cumplir con el propósito de Dios para su vida, entregando su futuro y sus esperanzas en la misma mano de Dios.

Quien sabe si nosotros de igual forma miramos y comprendemos cual sea la voluntad de Dios para nuestras vidas. Que amemos a Dios sobre todo más. Que amemos a los demás como a nosotros mismos. Es algo que aprendemos desde chico en nuestras familias. La dificultad mayor que tenemos no es en reconocer la misión de Dios para nosotros. La mayor dificultad es rendirnos para cumplir con tal propósito. ¿Estamos listos a ceder nuestros días, planes y acciones a Su voluntad?

—©2010 Chrístopher B. Harbin

Este sermón en pdf

This sermon in English


The Baptist Top 1000 Bible Top 1000