Cumpliendo con el Juramento

Génesis 24:22-41

Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC

02 de mayo de 2010

La responsabilidad no es algo que se parece valorizar hoy día como en otras épocas. Pensamos más en lo que no conviene en el momento, lo que nos agrada, lo que nos atrae. Miramos alrededor y vemos caso tras caso de gente que largó un compromiso u otro por alguna conveniencia. Se lo mira en la abundancia de casos de divorcio. Se lo mira en los hechos de comerciantes que sacan provecho de sus empleados sin aceptar responsabilidad por el compromiso de emplearlos. Se lo mira en las acciones de políticos que asumen posiciones que contrarían el beneficio de la población que deberían de servir. Se mira en la actitud de financieros de Wall Street que no actúan con el mínimo de remordimiento los efectos de su avaricia. Quizás no sea realmente tan diferente nuestro contexto como de épocas pasadas. ¿Es eso razón para dejar de valorizar nuestras responsabilidades por beneficio inmediato?

Eliézer, el mayordomo damasceno de Abrahán, tenía muy cerca sus obligaciones. Entendía que mientras viajaba lejos de Abrahán aun debía responder por sus hechos. Los regalos que había dado a Rebeca eran muy valiosos. En el mercado de hoy, el oro del anillo de nariz valdría más de $200, y de las pulseras más de $3500. En el contexto de la vida mucho más simples del día, tal era una fortuna para la población en general. Simplemente esa cuantía hubiera sido suficiente para que Eliézer empezara para si mismo una nueva vida libre de su posición como mayordomo. Además de eso, viajaba con una escolta a su servicio con camellos y otros bienes de gran valor. No se preocupaba con eso todo, entretanto. Reconocía que tenía a su frente una misión a cumplir. Reconocía más valor en ser fiel a su amo que en buscar privilegio, lujo y bendiciones personales.

No hubiera sido gran cosa escapar con los tesoros de su amo. No había organizaciones policíacas internacionales. Eran pocas las naciones organizadas que se extendían mucho más que el territorio de unas cuantas ciudades vecinas. Era una época en la cual bandas de saqueadores podrían actuar sin muchas preocupaciones, especialmente en los contornos en que se encontraba. Había como esconderse con los bienes de su amo, pero definió que tal no era opción que le convenía.

A Eliézar había también la oportunidad de simplemente colocar su misión de segundo plano y aprovechar la bienvenida que le extendía la familia de Rebeca. No aceptó ni comer de lo que le ofrecían hasta cumplir en relatar el propósito de su venida. No tomaba su encargo como objetivo para realizar por segunda intención. No era un propósito que dejaría cumplir como de segundo plan al viajar y aprovechar el experimentar de la vida. Tenía un propósito firme. Tenía una misión a cumplir. Se había preparado para actuar al momento que salió de la presencia de su amo. Ahora llegando al destino que había buscado, en casa de familiares de su amo, tenía tan presente su encargo como cuando aceptara la misión que le dio Abrahán.

Había buscado la orientación de Dios para encontrar a Rebeca. Al averiguar en ella la señal que había pedido de Dios, procuró de inmediato verificar la identidad de su parentela y sus conexiones con la familia de Abrahán. Le pidió informes sobre su familia. Al escuchar la respuesta de su boca que pertenecía a la familia que procuraba, se inclinó de inmediato en oración a Dios, dándole gracias por responder a sus peticiones y orientarlo a encontrar a Rebeca con tanta facilidad.

Reconociendo en esos acontecimientos algo raro e importante, corrió Rebeca para avisar a su familia de lo sucedido y la presencia del hombre que le había regalado con anillo y brazaletes de tanto lujo. Su hermano, Labán, corrió para invitar Eliézer a hospedarse en la casa con sus hombres y animales. Labán lo hizo con probabilidad por cuestión de avaricia y la oportunidad de recibir más regalos de Eliézer, pero de cualquier forma, le dio la invitación y Eliézer se la aceptó.

Instalados Eliézer con sus acompañantes y animales, bañados para quitar el olor y suciedad de tanto viajar, se les presentaron comida y refrigerio. Había toda indicación de que se montaba una fiesta para escuchar las noticias de Abrahán y regocijar con la visita y la hospitalidad. Para Eliézer, entretanto, había una preocupación mayor que le impedía de festejar como invitado de honor. Tenía muy presente que llegara a la familia de Abrahán con un encargo que era de mucha importancia para su amo. Sería negligencia suya no indicar desde luego la razón para su jornada y visita.

Fuera hasta posible que después de que indicara la propuesta que traía que le negaran participar de lo que al momento le ofrecían. Supo Eliézer que era ya tiempo de clarificar el encargo que le había traído hasta los alrededores de Harán. Se recusó a participar de la comida hasta que hubiera declarado sus intenciones desde la parte de su amo. Era solamente después de aclarar que buscaba en Rebeca una esposa para Isaac que se podría empezar a festejar. Aun eso dependía de la disposición de la familia en conceder a la muchacha como esposa para Isaac.

Eliézer aun no sabía como la familia recibiría el encargo. No sabía como Rebeca reaccionaría al escuchar que tendría que dejar su familia para ir a vivir con Isaac en una tierra muy lejana de todos sus familiares y conocidos. Había muchas razones para dejar esperar para relatar el encargo que le trajera hasta la casa de Labán. Todas estas excusas, sin embargo, eran también motivos de dar andamiento a la responsabilidad que Eliézar había aceptado. Dejando esperar para mañana contar sus noticias, le haría más difícil encontrar otro momento propicio para contar la razón de su llegada. Eliézer reconoció que tenía no más una razón por estar en esa casa y tenía el deber de relatar la razón de su presencia desde luego. Esperar pasar tiempo le sería igual a ignorar la responsabilidad que Abrahán le diera.

Declaró entonces su intención de aclarar el encargo que le trajera a Labán. Relató como Abrahán le había dado un encargo muy importante. Aclaró que la esposa que buscaba se casaría con el heredero de su amo que era muy rico. Colocó en primer lugar su misión e intención de Abrahán que Isaac no se casara con ninguna mujer de entre los cananeos. Luego relató que el juramento que había aceptado demandaba que no estaría libre del encargo a no ser que no hubiera entre los familiares de su amo una muchacha que aceptara la propuesta y que la familia la dejara ir.

Con eso, el mayordomo colocó ante Labán la razón de su visita, lo que tal visita pedía de Labán y como Labán podría aceptar o negar lo propuesto. Mismo que no estaba definida la reacción de Labán y Rebeca, el encargo estaba definido y el resultado ya no quedaba en las manos de Eliézer. Con ofrecer a Rebeca que se casara con Isaac, estaba completo su encargo y misión. Lo demás era simplemente regresar a su amo para reportar los resultados de su viaje.

Tenemos nosotros también un encargo. Semejanza a la de Eliézer, es el ofrecer una relación de intimidad con Dios. La gran diferencia es que Dios nos encarga de buscar a aquellos que no lo conocen para ofrecerles la chance de conocerlo. Dios no nos responsabiliza por su respuesta, pero por ofrecer los detalles del encargo que nos ha puesto. ¿Estamos listos a cumplir con ese encargo de ofrecer salvación a todos? Dejando el encargo en espera por otro momento es forma de negar nuestra responsabilidad.

—©2010 Chrístopher B. Harbin

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