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Un Cuerpo sin Distinciones Hechos 11:19-30 Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC 10 de enero de 2010 ¿Cuántas veces pensamos en uno u otro grupo de personas como ajenas a nosotros? Dividimos el mundo en clases y categorías de gentes, tal para distinguir quienes son nuestra gente y a quienes no lo son. En parte lo hacemos para distanciarnos de una u otra clase de gentes. En parte lo hacemos para que no sintamos la necesidad de comprender y ayudar a otros. En parte lo hacemos para protegernos de la inconveniencia de que el evangelio nos llama a cuidar a todos como se fueran nuestros hermanos o hijos. ¿Es realmente posible tratar a todos como se fuéramos un solo cuerpo, mismo cuando hay gentes tan diferentes a nosotros mismos? El libro de Hechos retrata, conforme nos dice Lucas, lo que Jesús continuó haciendo por medio del Espíritu Santo. Lucas procura relatar la historia de la iglesia en su expansión desde Jerusalén hacia toda parte del Imperio Romano, o sea, todo el mundo conocido en su época. Ya había tratado la cuestión de Jesús dejar de estar presente en forma física. Ya había descrito el desarrollo inicial del evangelio en la ciudad de Jerusalén y sus alrededores. Había descrito como llegó el evangelio hacia Samaria y como Pedro lo había llevado el mensaje hacia gentiles como Cornelio que temían a Dios. A cada transición, había cierto conflicto o inquietud, ya que alguna u otra barrera se cruzaba, los cuales dejaban a algunos incómodos. Al incorporar algún grupo nuevo, la cultura en vuelta del evangelio sofría alguna transformación. Hubo choques entre los judíos palestinos y helenos dentro de la iglesia en Jerusalén, delante del cual se eligieron los primeros diáconos para supervisar la distribución de comidas. Hubo preocupaciones con el llegar del evangelio a Samaria y consideraciones más problemáticas cuando Pedro decidió ir hacia Cornelio, quien no era judío. Rompía con reglas de la cultura judía que él entrara y comiera con gente que no pertenecía a la nación escogida. Ahora en Antioquia, otra transición llegaba ante la iglesia. Empezaban a anunciar el evangelio a gente que no era judía y vivía lejos de Jerusalén. Era un momento de incomodidad para muchos. ¿Cómo resultaría el evangelio fuera de los moldes de su firme en el judaísmo? Cornelio no era judío, pero era uno que se acercaba al judaísmo en su búsqueda de conocer a Yahvé, Dios de Israel. En Antioquia, no se limitaba a anunciar el evangelio a los gentiles que estaban a la borda del judaísmo. Se lo anunciaba a quienes no contaban con ningún contacto directo con la tradición judía referente a Dios. Para cierta gente, eso era muy preocupante. Tales personas no tenían la base de las tradiciones y escrituras hebreas para controlar sus interpretaciones y aplicaciones del evangelio. Carecían de la base moral del judaísmo. ¿Cómo podrían comprender el evangelio de Jesucristo sin ese panorama esencial de reconocer lo básico del vivir delante de Dios? No había aun un Nuevo Testamento. Los doce en Jerusalén guardaban las enseñanzas de Jesús. Mantenían los parámetros del evangelio y actuaban como concilio aprobador para averiguar las prácticas y enseñanzas de los demás. Mandaron a Antioquia a Bernabé, pues querían los doce asegurar que todo andaba bien en el desarrollo del evangelio entre los gentiles. Este se alegró con ver que el evangelio se predicaba de forma digna que Dios iba bendiciendo. Cobró ánimo y juntó su ministerio a la de los que ya estaban anunciando el evangelio en esa región. En seguida, tomó otro paso. Fue buscar ayuda. En Tarso encontró a Pablo, llamándolo a que fuera a Antioquia para ayudarle con enseñar a los gentiles de allá. Por un año trabajaron juntos en dar base para los gentiles, a que mejor comprendiesen el evangelio de Jesucristo. Enseñaron las Escrituras. Enseñaron las palabras de Jesucristo. Enseñaron de la gracia de Dios, bien como de su amor para con todos. Llegó el momento, entre tanto, para enseñar otra cosa. Enseñaron que no había distinciones en la iglesia, sino que todos eran y son un solo pueblo en la gracia de Jesucristo. Su enseñanza de Pablo y Bernabé era tal que se empezaba a llamar a los convertidos en Antioquia de pequeños cristos, o sea cristianos, seguidores del Cristo. De cierta era una burla, pero caracterizaba que este grupo de personas vivía de una forma diferente a los demás. Ellos seguían las enseñanzas y el ejemplo del Jesús que llamaban el Cristo, el ungido de Dios. Su forma de ser los apartaba de los demás y transformaba sus vidas desde adentro tal que la comunidad los veía como diferentes. Unos profetas surgieron, anunciando que desde Jerusalén habría un hambre en el mundo. Tal ocurrencia sería desastrosa para muchos, pero en especial para los de la región de Judea. Los judíos hacían peregrinaciones hacía Jerusalén por lo menos una vez en su vida. Muchas veces esto quería decir que llegaron a Jerusalén en los últimos años de su vida para allí morir. Quedaban muchas veces viudas a quienes les faltaba apoyo económico en sus últimos años de vida. Era esa la circunstancia que había ocasionado la primera elección de diáconos en la iglesia. Entre los creyentes judíos, se repartía alimentos para ayudar a esas viudas en necesidad. Habría sido sencillo para los creyentes en Antioquia decir que no era su problema. Habría sido simple decir que no eran de su gente y luego no era su problema. Era el problema de otros que no se importaban con cuidar de forma prudente a sus propias familias. Para Pablo, entretanto, era una buena oportunidad de enseñar algo de los parámetros del evangelio. Enseñaba a estos gentiles que se convirtieron al evangelio que el cuidar a los demás es uno de los esenciales del evangelio. Enseñaba que el vivir con Cristo es reconocer que bajo el evangelio somos todos un solo pueblos sin distinción. Quizás a veces pensemos que aceptaron levantar una ofrenda para los de Judea fuera una obra de buenas relaciones públicas delante de la iglesia en Jerusalén. Era mucho más que eso. Recuerda que los profetas habían dicho que habría un hambre en toda la región, y no simplemente en la región de la Judea. Pablo y Bernabé enseñaron a estos nuevos creyentes que tenían una responsabilidad con el cuerpo todo, mismo cuando ellos mismos estaban sufriendo. Habría sido contagiante la decisión de hacer una distinción entre la iglesia desde Jerusalén y la iglesia desde Antioquia. Cada cual ahora podría tener su centro administrativo, su zona de influencia, su forma de organizarse y sus énfasis ministeriales. Esa no era, entretanto, un patrón conforme el evangelio que predicaba Pablo. Este reconocía una realidad mayor que necesitaban comprender los gentiles recién convertidos de Antioquia. Eran parte de un solo cuerpo. No había distinciones a se hacer entre la iglesia judía y gentil. Eran un solo pueblo siguiendo un solo Señor y con un solo evangelio. Eso indicaba que cuando le dolía a una parte del cuerpo, lo demás aceptaba la responsabilidad de apoyar el otro. Hoy también somos un solo cuerpo. Somos una sola iglesia, aun cuando nos reunimos en partes diversas y adoramos a Dios en idiomas distintos. Es en la unión que Pablo predicaba que deberíamos de vivir y aplicar el evangelio de Jesucristo. Como los de Antioquia, no somos el ministerio de otros, sino que somos parte del cuerpo mayor de la iglesia de Jesucristo. Correspóndenos actuar conforme el todo del evangelio, hasta que la comunidad al nuestro rededor vea tal distinción en nosotros a que nos llame seguidores de Cristo, viviendo conforme la totalidad del evangelio y el ejemplo de nuestro Señor. —©2010 Chrístopher B. Harbin | |
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